Discursos

enero 30, 2020

El retorno a los valores

  • Solo mediante la enseñanza de valores cristiano-demócratas como los que se promueven en nuestro sistema educativo, donde se valora el desprendimiento, la generosidad, la caridad, el amor al prójimo, la honestidad y la sinceridad, entre otros; podremos enfrentar un sistema socioeconómico que premia la avaricia, el disimulo, el fraude, la corrupción, la envidia y el afán de poder.
  • Una persona que respeta y es respetado, una persona que tolera y es tolerado, una persona solidaria, que recibe la solidaridad de los demás, sin duda alguna, es más feliz.
  • Que todos juntos actuemos sin más dilación, para que nuestras calles, casas y barrios vuelvan a vivir en valores; que la fe, la esperanza, el respeto y la honestidad, vuelvan a estar de moda.

Queridos estudiantes:

Hoy nos reúne una importante celebración para el país: el día nacional de la juventud, que como ustedes saben, se dedica a san Juan Bosco, padre y maestro de la juventud, quien entregó su vida a la mejora de las condiciones de vida de los jóvenes.

Y no hay mejor celebración que venir a Don Bosco, a compartir el pan de la enseñanza con los jóvenes.

Gracias por aceptarme y hacerme parte de este festejo, porque como decía Don Bosco, de la sana educación de la juventud depende la felicidad de las naciones.

Hoy quiero reflexionar junto a Ustedes en torno a algunas interrogantes:

¿A qué llamamos valores?

¿Significan lo mismo en todas partes del mundo?

¿Cuáles son los entes de la sociedad llamados a sembrar valores?

¿Cómo podemos proteger el rol de estas instituciones?

¿Qué vamos a hacer para revertir la crisis de valores que hoy vivimos?

Y, ¿cuáles son los valores que hay que reforzar en la sociedad dominicana?

Imagínense. Los valores son un concepto importante para la humanidad y ha sido objeto de amplias discusiones filosóficas, desde el hedonismo, el eudemonismo, la economía política, la teología cristiana, el humanismo, el utilitarismo hasta el nihilismo.

Pensadores de la talla de Adam Smith, Kant, Nietszche, Bertrand Russel, Bentham, John Stuart Mill, y muchos más, han hecho grandes aportes a nuestro concepto actual de los valores.

Pero no se preocupen, que no les voy a someter a una charla tensa y pesada antes de la hora de comida.

Más bien, hablaremos de los valores que pertenecen al dominio de la moral, es decir, de la
conciencia social e individual, y del subconsciente.

Primero, vamos a definir qué son valores:

Son principios y fundamentos que la humanidad ha observado o aplicado durante toda su historia en la tierra, que dictan nuestra forma de actuar desde la autorregulación de la conducta, y que a la vez, tienen dos cualidades fundamentales: son positivos desde el punto de vista de la norma social, porque generan adaptación; y son comunes a toda la humanidad, sin importar la cultura, el país o la sociedad que los aplique.

Evidentemente, cada sociedad le otorga una jerarquía distinta a cada valor.

Por eso, hay una interesante encuesta que se realiza a nivel mundial, que se llama World Values Survey o Encuesta Mundial de Valores, que refleja de manera muy clara esa realidad.

Los países se ubican en base a dos ejes muy marcados, que condicionan cuáles valores son más practicados que otros.

En países como el nuestro, apreciamos valores tradicionales como el vínculo familiar, la fe y las libertades individuales.

Sin embargo, en los países con vocación secular, es decir, más alejados de la religiosidad, como China o Japón y la Europa protestante, vemos que se le da más espacio a valores como la independencia, el cambio, el realismo y la empatía.

Ahora bien, la división del mundo en tradicional o secular aplica perfectamente al mundo de la revolución industrial, donde controlar la información era relativamente fácil y no existían los flujos migratorios y la interdependencia que ha cambiado el mundo.

Hoy vivimos en la sociedad de la información y el conocimiento, donde cada uno de Ustedes en sus manos tiene más información, conocimiento y poder de cálculo, que los científicos que pusieron al hombre en la luna.

Y además, mis queridos jóvenes, ustedes se están preparando para ser los líderes del mundo de la inteligencia artificial, de las computadoras cuánticas y del internet de las cosas.

Repasemos de nuevo la definición de qué son valores.

¿Recuerdan?

Principios y fundamentos que la humanidad ha observado durante su historia, que dictan nuestra forma de actuar desde la autorregulación.

Pero ahora le agregamos: para cada cultura, país o sociedad, aplican en distintas dimensiones, dependiendo de factores históricos, económicos, culturales y sociales.

Y además, su percepción está en constante evolución.

¿Por qué digo eso?

Porque nuestros valores son el reflejo de un conjunto de factores muy amplios, que pueden
estar influenciados por acontecimientos políticos, como sucedió en Irán, cuando retornó el ayatolá Jomeini y sometió a la sociedad a fuertes cambios en sus concepción de los valores.

O como sucede hoy en Venezuela, que está sometida a un enfrentamiento entre sus ciudadanos que ha mellado su matriz de valores.

Pero también puede deberse a acontecimientos económicos, como la crisis de la pasada década.

O quizás algún acontecimiento de impacto cultural, como sucedió en Estados Unidos en la década de los 60.

Nuestros valores evolucionan, para bien o para mal, porque hay un conjunto de instituciones de la sociedad que tienen a su cargo la promoción y protección de los valores.

Queridos jóvenes:

En un primer momento de la historia de la humanidad, cuando las sociedades eran mayoritariamente rurales, existía un férreo control moral ejercido por la familia, por la escuela y por la iglesia. Tres instituciones básicas para el mundo occidental.

Fue así por cientos de años.

La familia es el núcleo de la sociedad, una realidad que se ha transmitido por generaciones,
especialmente en los grupos sociales con arraigados valores tradicionales o religiosos, tal y
como hemos visto antes.

Pero la familia ha cambiado en los últimos 50 años.

El modelo de familia afianzado en la época posguerra, ampliamente conocido como “familia
nuclear”, ha cedido espacio a una amplia diversidad de formas y estilos de vidas familiares.

Y cada día más estamos influenciados por la multiculturalidad en la que vivimos.

Para mi, el gran reto que enfrentamos en la familia es que no estamos tan conectados como antes.

¿Se acuerdan del video de una reconocida empresa multinacional que circuló hace poco?

Vamos a verlo, porque ahí se explica en imágenes lo que está pasando en la familia hoy en día.

Ahora hablemos del sistema educativo.

Todos sabemos que está en plena transición, buscando cómo adaptarse a la sociedad del conocimiento.

Pero no deja de ser evidente que los niños pasan el 50% de su tiempo hábil en la escuela, expuestos a una diversidad de criterios, donde el profesor enfrenta grandes retos sobre su rol en el aula de clases.

Yo hace un tiempo observé que habían eliminado la materia de moral y cívica del currículo escolar.

La verdad que me sorprendió y lo conversé con el Ministro de entonces y con las demás autoridades del sistema.

Y lo cierto es que me quedé muy preocupada y aún sigo insistiendo en el tema.

La moral y cívica es una materia que tiene su origen en los sucesos de finales de la década de los 60 y gran parte de los 70, época en la que los jóvenes en muchos países occidentales abrazaron la causa de la rebelión en la sociedad y de los valores que la sustentaban.

En aquel entonces, un poco como sucede ahora, la opinión pública apuntó a la escuela como la causante de esta descomposición social, por no imponer pautas de comportamiento ni conseguir que los jóvenes aprecien los valores tradicionales. Se introdujo entonces la educación moral en las escuelas y esta acción fue casi calcada en todos los países de la región.

Ahora se alega que la moral y la cívica son temas transversales, que deben estar presentes en todas las materias por igual, una lógica que me parece válida, pero que hoy descansa fuertemente en los valores que cada profesor pueda proyectar.

Solo mediante la enseñanza de valores cristiano-demócratas como los que se promueven en nuestro sistema educativo, donde se valora el desprendimiento, la generosidad, la caridad, el amor al prójimo, la honestidad y la sinceridad, entre otros; podremos enfrentar un sistema socioeconómico que premia la avaricia, el disimulo, el fraude, la corrupción, la envidia y el afán de poder.

La tercera institución que lleva el liderazgo de los valores es la iglesia.

La misma iglesia en la que sirvió con tanto amor Don Bosco, enseñándonos a trabajar como si nunca tuviéramos que morir, y vivir como si fuéramos a desaparecer a cada instante.

La religión juega un papel predominante en los países con valores tradicionales, donde se le
considera una institución clave en la vida de las personas.

En América Latina, un 79% de la población está identificada con una religión, 60% católicos y 19% protestantes. En consecuencia, está claro de donde provienen los valores tradicionales que portamos con mucho orgullo: la fe, la humildad, el amor al prójimo, la honestidad, entre otros.

Pero la iglesia es una institución que al igual que la escuela, atraviesa un período de transición y cambios, resultado de la globalización, los cambios generacionales y, claro está, el impacto generado por acciones individuales que mellan el prestigio institucional.

Pero a pesar de los embates que sufre la iglesia, especialmente la católica, yo soy una fiel creyente del poder de los valores cristianos.

Y rescato una linda frase de don Bosco: “Donde reina la caridad, ahí está la felicidad”, y nuestra iglesia está repleta de caridad, por ende, aquí siempre seremos felices.

Ahora bien, ese control de los valores que residía en la familia, en la escuela y la iglesia, ahora también reside en los medios de comunicación.

La televisión, la radio y el internet pasaron a ser plataformas para que otras figuras pudieran
difundir valores y antivalores a gran escala.

Los líderes políticos son un claro ejemplo.

Martin Luther King llenó de esperanza a la población negra de los Estados Unidos; Nelson Mandela enseñó resiliencia y tolerancia a Sudáfrica y todo el mundo; Mahatma Ghandi se convirtió en adalid de la paz y el respeto.

Un ejemplo reciente en nuestra región fue el de Barack Obama y Juan Manuel Santos, con su promoción de la paz en Afganistán y en Colombia, un valor que nos toca a todos muy de
cerca.

Lo mismo sucedió en el arte.

Innumerables cantantes, actores y actrices, influenciadores, deportistas, figuras que de una
manera u otra han usado sus plataformas para abrazar causas que impulsan valores, desde la lucha contra el sida hasta la protección del medio ambiente.

Pero aquí también hay un gran reto.

En los medios de comunicación, los mensajes positivos que promueven valores luchan en un espacio donde también hay sensacionalismo, antivalores y mensajes negativos, que muchas veces tienen más rating.

Con ese propósito fue que concebimos la campaña “Bien por ti: por una sociedad en valores”.

En este país es tema de conversación cada día la necesidad de promover y vivir desde los valores en todos los aspectos de la vida, público y privado.

Y yo me siento muy feliz cuando alguien en la calle reconoce una buena acción, diciéndole “Bien por ti”, a una persona.

Los 14 valores que definimos fueron: justicia social, amor al prójimo, dignidad, esperanza, fe, honestidad, humildad, integridad, paz, respeto, responsabilidad, solidaridad y tolerancia.

Son valores que reflejan nuestra realidad social, tal y como lo mostramos en el mapa global. Un país de valores tradicionales, como la fe, que cada vez más está moviéndose hacia el grupo de países que están enfocados en el bienestar de las personas, por eso promovemos la solidaridad.

Hoy más que nunca tenemos que trabajar a favor de los valores. La juventud tiene que unirse con ese propósito.

Vamos a asumir un compromiso que comience en el individuo, y que se esparza en toda la sociedad.

Los valores morales son normas y costumbres que ostenta el individuo, por ende, a él le corresponde ponerlas en ejercicio y, con su ejemplo, inspirar a los demás.

Una persona que respeta y es respetado, una persona que tolera y es tolerado, una persona solidaria, que recibe la solidaridad de los demás, sin duda alguna, es más feliz.

En definitiva, de lo que se trata es de sembrar valores para que nuestros ciudadanos y ciudadanas sean más felices, y que nuestros días en la tierra sean lo más parecido al paraíso.

Es la invitación que les puedo hacer hoy.

Que todos juntos actuemos sin más dilación, para que nuestras calles, casas y barrios vuelvan a vivir en valores; que la fe, la esperanza, el respeto y la honestidad, vuelvan a estar de moda.

Si no lo hacemos, si tan solo nos enfocamos en el desarrollo económico, tengan la seguridad que no habrá dinero en el mundo que pueda solucionar el gran problema que nos vendrá.

Estamos a tiempo.

Ahora es el momento.

¡Que los valores sean la esencia de nuestras vidas!

Muchas gracias.